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miércoles, 17 de mayo de 2017

Alex Kurtagic - La Culpa del Hombre Negro



     El sitio thetruthseeker.co.uk alberga el siguiente artículo de Alex Kurtagic (The Black Man's Guilt) que presentamos aquí en castellano, autor del cual ya hemos presentado otros textos. Escrito hace seis años, Kurtagic intenta en este breve escrito poner racionalidad a la frecuente acusación (por parte del marxismo cultural) de la culpa histórica del hombre Blanco por la condición comúnmente miserable y problemática de los negros tanto en la propia África como en las sociedades ocidentales, refiriéndose mediante testimonios a su propia conducta en su tierra ancestral, los que dan a entender a las claras sus reales capacidades y preferencias.


La Culpa del Hombre Negro
por Alex Kurtagic
12 de Mayo de 2011



     En medidas diversas, la moderna educación occidental, las películas y programas de televisión, para no mencionar organizaciones y académicos activistas negros, cargan a la gente Blanca con culpa por la presunta participación de sus antepasados en la esclavitud. Por motivos obvios, éste es particularmente el caso en Estados Unidos. La noción popular aceptada entre demasiada gente es que el hombre Blanco esclavizó al hombre Negro, que todos los Blancos lo hicieron, o fueron y son todavía cómplices, que todos los Blancos se enriquecieron gracias a las espaldas con cicatrices de esclavos africanos, y que los descendientes de los amos esclavistas Blancos hoy tienen una responsabilidad moral de expiar y compensar sus males históricos.

     Cuando uno mira más profundamente en el asunto, sin embargo, uno encuentra que lo opuesto es el caso.

     Quizá un ejemplo extremo puede verse en la historia de la colonia francesa de Santo Domingo, ahora conocida como Haití, considerada alguna vez la joya de las Antillas, la cual, hasta los levantamientos revolucionarios que condujeron a su independencia en 1804, era la colonia europea más próspera en el Nuevo Mundo.

     No se niega que la economía de Santo Domingo estuvo fundada en la esclavitud: en su apogeo, sus enormes plantaciones, alguna vez capaces de producir millones de millones de toneladas de azúcar, algodón y añil, se basaban en aproximadamente medio millón de esclavos, que trabajaban para aproximadamente 30.000 dueños Blancos de plantaciones.

     Tampoco se niega que, considerando esa enorme desproporción demográfica, la sociedad de Santo Domingo, como todas las sociedades donde había esclavos, estaba fundada en —y en realidad necesitaba— el miedo, para que el todopoderoso grupo étnico dirigente no perdiera su autoridad sobre sus bienes; ni que tales condiciones permitieron que amos ignorantes y crueles en Santo Domingo cometieran abusos, que por la razón dicha no fueron adecuadamente censurados, a pesar de sucesivas legislaciones introducidas por el gobierno de Francia, en un esfuerzo para desalentar los peores excesos, asegurar un mínimo de cuidado, y regular el comportamiento de los amos hacia sus esclavos. (Véase de Lothrop Stoddard, The French Revolution in San Domingo; y de Shamley Green, The Palingenesis Project, 2011).

     Sin embargo, no debe ser olvidado que fueron los Blancos los que también crearon las condiciones para —y en efecto legislaron e hicieron cumplir— la emancipación; que fueron los Blancos los que decretaron que todos los hombres son iguales ante la ley; que fueron los Blancos los que se volvieron contra sí mismos en un esfuerzo para crear una sociedad igualitaria y abolir la mala práctica de la esclavitud; y que, si no hubiera sido por el activismo revolucionario de idealistas Blancos en Europa, es muy probable que los esclavos negros de Santo Domingo hubieran seguido siendo esclavos. Las condiciones de la isla pueden haber proporcionado un suelo fértil para aquello, pero los levantamientos de los negros y mulatos después de 1789 fueron en último término el resultado de la propaganda europea y jacobina.

     Y no debe ser olvidado tampoco que una vez que los negros alcanzaron la independencia de sus antiguos amos Blancos, ellos inmediatamente se esclavizaron entre sí otra vez, y en una manera mucho más fiera y brutal que lo que los Blancos lo habían hecho alguna vez. Eso fue así incluso con el más benigno y capaz de los líderes revolucionarios, Toussaint Louverture, quien, como un hombre libre de color en el Santo Domingo pre-revolucionario, usó aproximadamente a una docena de esclavos para trabajar una granja arrendada.

     Ése fue ciertamente también el caso con Jean-Jacques Dessalines, el monstruo que ordenó el exterminio de todos los Blancos restantes en la isla después de la independencia, antes de proclamarse él mismo como "Emperador" de Haití. Y ése fue también el caso con otro padre fundador de la república negra, Henri Christophe (el autoproclamado "Emperador Henri I"), constructor de la Ciudadela o castillo fortificado en las montañas haitianas. Hesketh-Prichard, en Where Black Rules White (1900), cuenta la historia de cómo fue construído ese terrible monumento a su vanidad faraónica:

     «Ni el sexo ni la edad fueron perdonados; las obras Reales tenían que ser continuadas a pesar del agotamiento o la muerte. Látigos de cuero de vaca, despiadadamente aplicados por los oficiales al mando, hicieron salir reservas casi increíbles de energía. La mortalidad era espantosa, pero Christophe echó mano a todo el populoso Norte, y consumió vidas humanas sin ninguna mezquindad.

     «Se requirió un regimiento entero durante todo un día para arrastrar un cañón 32-pounder [de unos 2.800 kilos de peso]. En otra ocasión el Emperador miró cómo una larga línea de cien hombres arrastraba un cañón cuesta arriba hasta su lugar de descanso en la montaña. De vez en cuando ellos hacían una pausa en su trabajo, y esas frecuentes detenciones enojaron a Christophe; él envió a preguntar las razones de aquello. Los trabajadores volvieron con la respuesta de que dicha arma era mucho para la fuerza de cien hombres, e imploraron que otros cien hombres les fueran proporcionados para ayudarlos.

     «Christophe los hizo formarse ante él y les habló suavemente, y finalmente les dijo que tomaran su lugar y que se numeraran. Él entonces ordenó que cada cuarto hombre diera un paso al frente, y, llamando a sus guardias, los hizo fusilar. Cuando aquello acabó, él informó a los restantes 75 que él estaba en la mitad de su almuerzo, y que él consideraría un favor si ellos pusieran el cañón en su lugar antes de que él hubiera terminado.

     «El disminuído grupo volvió a trabajar, pero cuando la comida de Christophe había acabado, el cañón había hecho poco progreso montaña arriba. Cuando él llegó a la escena los 75 atestiguaron unánimemente que la cosa que él requirió era imposible para un número tan pequeño.

     «Christophe se rió. "Así parece", dijo él, "pero tengo un remedio. Fórmense".

     «Ellos se formaron, y se enumeraron como antes.

     «"Cada tercer hombre dé un paso al frente. Guardias, peguen un tiro a estos hombres".

     «La descarga apenas se había desvanecido y el último miembro dejó de moverse, cuando Christophe dio su ultimátum.

     «"Ahora", dijo él a los asustados que quedaban, "requeriré que cada segundo hombre dé un paso al frente la próxima vez. El cañón era demasiado pesado para cien hombres; seguramente cincuenta lo encontrarán liviano"».

     La razón de esto es simple: la esclavitud era una anomalía para los Blancos, pero no para los negros.

     En La Revolución Francesa en Santo Domingo, Lothrop Stoddard muestra muy concluyentemente que una sociedad Blanca fundada en una economía de esclavos era profundamente disfuncional. Al mismo tiempo, la Historia muestra que la esclavitud era una práctica antigua y muy común en África, particularmente en África Occidental, la fuente de todos los negros de Santo Domingo hasta los últimos años antes de la Revolución.

     En muchas sociedades africanas, incluyendo Ghana, Malí, Segou, Songhai, Senegambia, los Ashanti, los Yoruba y los Kanem, aproximadamente un tercio de la población eran esclavos. La proporción se elevaba a la mitad entre los Duala del Cameron, los Igbo, los Kongo, el reino Kasanje y los Chokwe de Angola, así como en Sierra Leona; y era aún más alta en lugares como Zanzíbar.


     En África Occidental en el siglo XVIII, en el apogeo de la trata de esclavos, éstos eran capturados en expediciones de asalto en el interior de la región; las incursiones siempre eran llevadas a cabo por reinos africanos contra grupos étnicos, tribus y pueblos más débiles. Entre los primeros estaban los Yoruba, el Imperio Kong, los reinos de Benín, Fouta Djallon, Fouta Tooro, Koya, Khasso, Kaabu y Dahomey [1], cuya religión, el Vodoun, más tarde formó la base del Vaudoux [Vudú] haitiano.

[1] http://www.metmuseum.org/toah/hd/slav/hd_slav.htm
http://www.afbis.com/analysis/slave.htm

     Los europeos rara vez se aventuraban en el interior de África por temor a las enfermedades y a la resistencia de los nativos. En efecto, el explorador misionero David Livingstone, que viajó en la década de 1850, fue uno de los primeros occidentales en explorar el interior de África Central y del Sur, y en cruzarlo desde Angola a Mozambique, algo que los portugueses habían intentado repetidamente sin éxito.

     La motivación para llevar esclavos al Nuevo Mundo era económica: las plantaciones empleaban mucha mano de obra, y tanto el clima tropical como la vida dura hicieron difícil atraer a jornaleros europeos. Aquellos que hicieron el cruce del Atlántico hasta lugares como Santo Domingo pronto se convirtieron en plantadores ellos mismos, mientras la población india, maltratada por los primeros colonos europeos, estaba en rápida decadencia. Aparentemente, los sirvientes Blancos contratados por un tiempo (indentureships) no lograban satisfacer la demanda.

     Los esclavos en África provenían de dos fuentes principales. Una mitad venía de conquistas militares realizadas por reinos africanos de otros Estados o tribus; la otra mitad provenía desde dentro de las propias sociedades esclavistas: psicópatas, herejes, endeudados, y aquellos que habían caído en desgracia con los jefes.

     Los reinos Khasso y Dahomey y el Imperio Bambara eran fuertemente dependientes de la esclavitud para su economía; el reino de Dahomey (ahora conocido como Benín) se enriqueció con las ganancias de la venta de esclavos a europeos. Además, siendo el estatus de una familia en función del número de esclavos que poseía, se emprendían guerras con el único objetivo de tomar cautivos. La guerra ya era endémica en África antes del tiempo de la trata transatlántica de esclavos, pero la búsqueda de esclavos, económicamente impulsada, posteriormente añadió ímpetu a la violencia esclavista.

     Tan arraigada estaba la esclavitud en la sociedad africana occidental, que el rey Gezo de Dahomey fue llevado a decir hacia 1840: "La trata de esclavos es el principio rector de mi pueblo. Ella es la fuente y la gloria de su riqueza... La madre arrulla al niño para que duerma, con cantos de triunfo sobre un enemigo reducido a la esclavitud". Y cuando el Parlamento británico abolió la trata de esclavos en 1807, el rey de Bonny (en la moderna Nigeria) fue llevado a exclamar, horrorizado: "Pensamos que este comercio debe continuar. Ése es el veredicto de nuestro oráculo y de los sacerdotes. Ellos dicen que vuestro país, aunque sea grande, nunca puede detener un comercio ordenado por Dios mismo" [2].

[2] http://www.bbc.co.uk/worldservice/africa/features/storyofafrica/9chapter2.shtml

     Muchos de los esclavos vendidos en mercados a lo largo de la costa Oeste de África para el comercio atlántico eran cautivos de guerra. Los reyes africanos vendían a sus cautivos a comerciantes europeos de esclavos por bienes como utensilios para cocinar, ron, ganado y granos de semillas.

     Es común entre aquellos que favorecen explicaciones ambientalistas del comportamiento humano atribuír la disfunción social a la pobreza, que se origina, en el caso de los ciudadanos de color, en las injusticias históricas que resultaron de la trata de esclavos transatlántica. Y con toda probabilidad hay alguna verdad en eso. Sin embargo, en el mejor de los casos ésa no es una explicación total, y en el peor, es intencionadamente falsa, ya que tiene en cuenta sólo las circunstancias en Occidente después de la llegada del hombre negro, pero no las de aquellas previas en África.

     Considerando estas últimas circunstancias, como definidas por la naturaleza y el carácter de las sociedades africanas pre-coloniales, la decadencia post-independencia en las fortunas de Haití y las de otras antiguas colonias europeas en África Occidental, no es algo en absoluto sorprendente. Aquello debe ser, de hecho, esperado como el proceso de retornar a la normalidad, por anormal que esa normalidad pueda parecer a nuestros ojos occidentales.

     Los relatos de exploradores cristianos que se aventuraron en África durante el siglo XIX, incluyendo a H. F. Flynn, David Livingstone, Francis Galton, Paul Belloni du Chaillu, Samuel White Baker y Georg August Schweinfurth, proporcionan impresiones por las cuales podemos evaluar las sociedades originales de los esclavos que fueron llevados a Saint-Domingue, sociedades del interior africano no influídas por la cultura árabe. El trabajo de esos exploradores, confiable por su exactitud y fiabilidad en el reportaje, fue resumido por John Baker en su libro "Raza", en 1974. J. Philippe Rushton examina la obra de Baker en su libro "Raza, Evolución y Comportamiento":

     «Como J. R. Baker lo describe, la impresión conseguida es de un pobre nivel de civilización, incluyendo una apariencia de desnudez o casi desnudez, a veces rota por un amuleto u ornamento más bien que por un cubrimiento del área genital; auto-mutilación, como en el limado de los dientes y perforación de orejas y labios para que admitan grandes ornamentos; hábitos sanitarios y baños pobremente desarrollados; habitaciones de un piso de construcción simple; pueblos que raramente alcanzan 6.000 ó 7.000 habitantes, o apenas interconectados por carreteras; ninguna invención de la rueda para cerámica o molienda de granos o transporte vehicular; ninguna escritura o registro de acontecimientos históricos; ningún uso de dinero; ninguna invención de un sistema de enumeración, o un calendario.

     «Algunos exploradores quedaron sorprendidos por la ausencia de administración o código de ley. Se han citado ejemplos de jefes que despóticamente matan a voluntad por violaciones menores del protocolo, o incluso por placer... Cuando se sospechaba la existencia de brujería, cientos podrían ser muertos a menudo con absurdas formas de ejecución. Cuando la esclavitud era practicada, los dueños de esclavos tenían libertad para matar a sus esclavos. En algunos casos se practicaba el canibalismo. En ninguna parte pareció existir alguna religión formal con tradiciones santificadas, creencias acerca del origen del mundo o códigos éticos con sentimientos de piedad.

     «Los exploradores encontraron que los africanos eran de baja inteligencia, con pocas palabras para expresar pensamientos abstractos y poco interés en asuntos intelectuales. Speke escribió que el negro piensa sólo para el momento y prefiere pasar el día tan perezosamente como le sea posible. Livingstone escribió que las tribus carecían de previsión, considerando inútil plantar semillas de dátiles por el conocimiento cabal de que él nunca vería los frutos...

     «Siempre que surgía un individuo brillante, como en una historia relatada a Livingstone acerca de un hombre que construyó un sistema de irrigación en su jardín para ayudar a cultivar patatas, la idea típicamente moría con su creador... Los exploradores tendieron a ver a los grupos híbridos como más inteligentes, y a los grupos negroides más oscuros como menos inteligentes... Sin embargo, algunas tribus eran notablemente competentes en cerámica, forja de hierro, arte en madera e instrumentación musical» [3].

[3] PDF, edición completa en inglés, 27 MB, del libro de Rushton en  https://lesacreduprintemps19.files.wordpress.com/2012/11/jp-rushton-race-evolution-behavior-unabridged-1997-edition.pdf

     En consecuencia, salvo en Senegal, la historia post-colonial de África Occidental, como la de Haití en los siglos XX y XXI, es una de dictadores brutales y caprichosos, golpes de Estado, violencia, mal manejo económico, infraestructura colapsante, malestar social y declinantes niveles de vida. En el Congo, la esclavitud y el canibalismo todavía son practicados, siendo los comedores los bantúes y las víctimas los pigmeos, cuya carne se considera que confiere poderes mágicos. Si la decadencia no ha sido aún más rápida en algunos lugares, se ha debido a la intervención occidental en la forma de ayuda, reconstrucción y financiamiento del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, aunque tal intervención, lejos de arreglar el problema subyacente, sólo haya retrasado el necesario resultado (la des-occidentalización completa) y mientras tanto haya exacerbado la miseria de siempre crecientes millones de personas que de otro modo no existirían.

     Una visión equilibrada de la Historia, por lo tanto, indica que los Blancos en Occidente difícilmente pueden ser considerados responsables de los infortunios de los negros hoy, tanto en Occidente como en sociedades dirigidas por negros. Por el contrario, en todos los casos los negros han obtenido inmensos beneficios del hombre Blanco. Éste proporcionó un lucrativo mercado para los negros a los que negros más fuertes esclavizaron; proporcionó mejores condiciones de vida para los esclavos que las que ellos habían disfrutado en África; mejoró aquellas condiciones emancipando a aquellos esclavos; les dio acceso a la ciudadanía, empleos y educación, e incluso les dio ventajas superiores a las de los propios Blancos mediante políticas tales como la "acción afirmativa" [discriminación inversa] y la legislación anti-racista.

     Esto excede por lejos a cualquier beneficio que una diminuta minoría de Blancos pueda haber sacado de la esclavitud en cierta ocasión en el pasado distante, especialmente si consideramos la carga económica que los negros han impuesto a los Blancos en virtud de una violencia y criminalidad aumentadas, destrucción de propiedad, ayuda económica, y restricciones a las libertades civiles, como la libertad de expresión y de reunión.

     Si los activistas y los académicos negros van a culpar a los Blancos por la miseria en África y por una aproblemada existencia en Estados Unidos, citando la esclavitud y el colonialismo como las causas, y si ellos van a exigir una restitución en base a aquello, entonces es justo juzgar a los negros de acuerdo a criterios culturalmente europeos, ya que el rechazo de la esclavitud por razones morales es una idea europea, producto de una cosmovisión y sensibilidad europeas, que ellos —incluso aunque insinceramente y por egoístas motivos tácticos— han decidido adoptar.

     Después de todo, los negros en las Américas no han optado por volver a África, y ya emigrando a Occidente o exigiendo ayuda y acceso a los mercados occidentales, los negros en África han optado por una sociedad industrial de estilo occidental, no un retorno a condiciones pre-coloniales. (Yo habría preferido que ellos hubieran optado por esto último, pero qué importa).

     Desde esta perspectiva, entonces, digo que son los activistas y académicos negros los que deberían llevar a hombros la carga de dicha responsabilidad histórica, ya que fueron sus antepasados los que hicieron la esclavización, y sus antepasados los que persistieron incluso habiendo sido esclavos ellos mismos.

     Más aún, allí donde los europeos conquistaron y esclavizaron en África, como en el Congo, ellos no hicieron nada diferente de lo que los africanos habían estado haciendo ya entre sí desde tiempo inmemorial. La única diferencia es que la conquista europea fue seguida de infraestructura y desarrollo y, en suma, de la construcción de una sociedad de estilo europeo, que les fue entregada más tarde, y otras cosas por el estilo de las cuales los africanos ahora no quieren prescindir.

     Ellos nos deben más que lo que nosotros les debemos.

     Por supuesto, esto no quiere decir que la historia del colonialismo europeo sea inmaculada: basándose en esclavos, la empresa colonial maximizó las ganancias a corto plazo a costa del futuro entero de la raza blanca; ella creó sociedades disfuncionales en todas las colonias; y mediante sus esfuerzos para reparar injusticias, y su fracaso en desmantelar completamente la herencia del sistema colonial, creó las condiciones para la extinción racial Blanca, tanto en las antiguas colonias como en las patrias Blancas tradicionales. Estas últimas también pusieron, con el legado futurista y peculiar de Occidente, un estándar imposible para los negros que quedaron.

     Pero si vamos a hablar de responsabilidad por males del pasado, entonces la restitución debería ser dirigida hacia adentro, no hacia fuera, de Blancos a Blancos y de negros a negros, y mucho más en el caso de los primeros que de estos últimos, ya que el daño fue en todos los casos auto-provocado, y fueron en cualquier caso los Blancos los que se pusieron a sí mismos camino a su extinción.–


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