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sábado, 6 de mayo de 2017

James B. Whisker - Karl Marx, Anti-Judío



     En el vol. 5 Nº 1 de 1984 de The Journal of Historical Review se publicó el siguiente texto que presentamos traducido. James Whisker habla aquí del racismo y anti-judaísmo de Marx, puesto en evidencia en diversos escritos pero fundamentalmente en su breve ensayo "Un Mundo Sin Judíos", también conocido como "Sobre la Cuestión Judía" (1843), texto que analiza el autor destacando que la Izquierda difícilmente puede abordar este aspecto y esos pensamientos de su mentor.


Karl Marx: Anti-Judío
por James B. Whisker, 1984



     Karl Marx no sólo era judío sino que descendía de una familia rabínica establecida. Su padre había abandonado la práctica del judaísmo a fin de actuar más libremente en y con el recién establecido Estado prusiano, y para atraer más clientes para su profesión de abogado. Los biógrafos están de acuerdo en que las antiguas tradiciones judías continuaron circulando profundamente en la familia de Herschel Marx mucho después de que él había dejado de asistir a la sinagoga.

     Karl Marx probablemente no tenía ningún lazo formal con el judaísmo, pero él era intensamente consciente de su teología y sus tradiciones. La carencia de práctica formal no puede ser aquí sinónimo de ignorancia. En efecto, Karl Marx aparentemente había estudiado las bases de todas las religiones occidentales durante toda su vida.

     Como uno de los "Jóvenes Hegelianos", comúnmente conocidos como los Hegelianos de Izquierda, Marx había sido expuesto a las interpretaciones a menudo extrañas de la religión organizada. Entre las más tempranas de sus publicaciones estuvo "La Sagrada Familia", poco más que un plagio de "La Esencia del Cristianismo" del líder hegeliano izquierdista Ludwig Feuerbach. Fue en dicha obra que Marx acuñó la frase citada a menudo "La religión es el opio del pueblo". Dicha idea era difícilmente original de él. Era un compendio razonablemente convincente de una de las principales ideas de Feuerbach, que era que el hombre está alienado de sí mismo en virtud de su dependencia de Dios.

      Al concentrarse en Dios y dar por hecho que Dios corregirá todos los males y recompensará todos los sufrimientos en el siguiente mundo, se dice que el hombre deja de comprender que es él mismo quien puede corregir la injusticia y prevenir los males del mundo en este mundo gracias a sus propios esfuerzos. La religión tiene un efecto narcótico al tranquilizarnos de modo que no nos importe que seamos miserables. Todos nuestros sufrimientos, duras pruebas y tribulaciones, penas y desesperación, son parte de un plan divino por medio del cual encontramos nuestra salvación, de manera que ellos deben ser aceptados y apreciados, no derrotados o eludidos o impedidos.

     "La Sagrada Familia" era un ataque contra toda la religión, sin una predisposición contra ninguna variedad específica. No hubo ningún real intento en ello de separar el cristianismo del judaísmo. En vista de que muchos de los Jóvenes Hegelianos eran judíos apóstatas, algunos habían mostrado un interés especial por el status del judaísmo, pero no estaban predispuestos contra los judíos por motivos religiosos. De ahí que, en cierto modo, liberarse de la religión era realmente para los judíos una forma de quedar en libertad. Esos seguidores izquierdistas de Georg W. F. Hegel supusieron que sin ninguna religión en el nuevo Estado no habría ninguna razón para la separación entre judíos y Gentiles, entre ex-cristianos y ex-judíos.

     La carga de ser "los asesinos de Cristo" ya no sería significativa, no más que las acusaciones levantadas contra cualquier otro grupo por matar a cualquier otro individuo o grupo de individuos. En efecto, Cristo como un rechazado símbolo de falsa esperanza sería muerto por segunda vez, y al menos esta segunda muerte sería la causa de una liberación, alegrando a las masas sufrientes y dándoles una nueva esperanza. Marx podría estar de acuerdo con la mayor parte de esto sin reservas. Cristo tenía que morir una segunda vez, y esta vez no habría ninguna resurrección. Marx estuvo de acuerdo con que sin religión no habría ni podría haber ninguna persecución ni prejuicios religiosos. Ése era un claro ejemplo de una lógica analítica en la cual él tenía gran fe.

     Pero había partes del argumento planteado por los Jóvenes Hegelianos con las cuales Marx discrepaba totalmente. Y ese desacuerdo marca la primera aplicación neta del anti-judaísmo de Marx.

     El judío no cambiaría ni podía cambiar su carácter y hábitos, de igual manera como un tigre no podría mudar sus rayas. Marx concluyó que el judaísmo era más que posible incluso sin Dios, los Diez Mandamientos, el Arca de la Alianza o la Biblia. El judaísmo no tenía nada que ver, o al menos muy poco, realmente con Dios o la religión. Se trataba esencialmente de un fenómeno cultural, basado en la adquisición de riqueza material. Era un sistema de engaño cultural y religioso cuya verdadera preocupación era el capital, el oro en lingotes, el dinero; en resumen, cualquiera fuese la moneda del reino o el dinero de la época presentado o valorado.


     Con eso, Marx tuvo una idea de algún modo original que presentar a sus colegas Hegelianos de Izquierda. Él no había simplemente copiado dicha noción de Moses Hess, Bruno Bauer, Lorenz von Stein o Feuerbach. Él había añadido la popular percepción de los tiempos y, como un judío intelectual y además cultural y étnico, si bien no religioso, él presentó el argumento en una forma algo mejor expresada que la de los panfleteros callejeros.

     Marx, un judío apóstata y descendiente directo de una larga línea de rabinos, había proporcionado poderosas municiones para los acusadores de judíos y anti-judíos entre la comunidad judía apóstata de intelectuales en las universidades alemanas. Él había dicho lo indecible y había desafiado los fundamentos de la religión. Él había creado de hecho una teoría racista sin par entre los intelectuales del siglo XIX en el continente europeo. No hay nada en Arthur de Gobineau o en Houston Stewart Chamberlain que sea más poderoso o condenatorio en su contenido en cuanto a los judíos que el texto "Sobre la Cuestión Judía" (1843) de Marx, también conocido como "Un Mundo Sin Judíos".

     Ese raro pequeño libro acerca de la "Cuestión Judía" fue escrito en respuesta al texto "La Cuestión Judía" (1843) del doctor Bruno Bauer, también conocido como "La Capacidad de los Judíos y Cristianos de Hoy para Llegar a Ser Libres". El folleto de Marx ha tenido una curiosa historia de publicación. La primera traducción inglesa íntegra no apareció sino hasta que fue puesta a disposición gracias a la claramente anti-sionista Empresa Editora en Idiomas Extranjeros de Moscú alrededor de 1955. Luego la Biblioteca Filosófica publicó una edición inglesa (1959) con una curiosa y compungida introducción del editor de prensa, Dagobert Runes. La edición en alemán y otras son escasas, excepto las distribuídas por la prensa estatal comunista.

     Más intrigante que la escasa disponibilidad del libro es el hecho de que la mayor parte de los estudiosos han parecido o intensamente inconscientes de su existencia, o han decidido simplemente ignorarlo. Ciertamente, el folleto no calza bien con el cuadro teológico humanístico secular y liberacionista de Karl Marx como el gran humanitario y liberador de los oprimidos. Realmente, la obra presenta un obstáculo: ¿Cómo puede Marx ser presentado como el campeón de todo lo que es bueno y justo en el mundo cuando él estuvo de hecho muy inalterablemente opuesto a los judíos y al judaísmo?.

     Un comentario al pasar aquí o allá podría ser perdonado; un ensayo entero sobre solamente anti-judaísmo es un asunto completamente diferente y una cuestión más compleja. La Izquierda liberal ya no es capaz de abordar "Un Mundo Sin Judíos", del mismo modo que el mundo comunista no es capaz de hacerse cargo de los amargos ataques de Marx contra Rusia en sus diversos ensayos denunciando movimientos comunistas rusos, que han sido colectivamente publicados como "Marx contra Rusia".

     Marx hizo acusaciones específicas contra los judíos en su polémica: Los judíos adoran a Mammón, no a Dios. Los judíos practican la usura. Su verdadera religión se basa en la adquisición de dinero mediante cualquier y todos los medios. La emancipación de todos los europeos significa la emancipación de la judería: "La emancipación de la usura y el dinero, es decir, del judaísmo práctico y real, constituiría la emancipación de nuestro tiempo". Los judíos procuran controlar el mundo por medio del control del dinero: "¿Cuál es el objeto de adoración del judío en este mundo? La usura. ¿Cuál es su dios mundano? El dinero... ¿Cuál es el fundamento del judío en este mundo? La necesidad práctica, la ventaja privada... La letra de cambio es el verdadero dios del judío. Su dios es la ilusoria letra de cambio".

     Marx posteriormente declara:

     "El dinero es el dios celoso de Israel, al lado del cual ningún otro dios puede estar. El dinero degrada a todos los dioses de la Humanidad y los convierte en artículos de comercio. El dinero es el juego de valores universal y auto-constituído puesto sobre todas las cosas. Él por lo tanto ha robado al mundo entero, tanto de la Naturaleza como del hombre, de su valor original. El dinero es la esencia de la vida y el trabajo del hombre, que han sido enajenados de él: ese monstruo foráneo lo gobierna y él lo adora".

     Es a partir de declaraciones como éstas, y de los preceptos básicos de "Un Mundo Sin Judíos", que descubrimos algunos de los motivos de la masiva atracción del Nacionalsocialismo entre la clase obrera alemana a la cual el marxismo-leninismo había apelado alguna vez. El racismo fundamental y predominante del propio Marx ayudó a crear una atmósfera en la cual el escrito "Die Protokolle der Weisen von Zion und die jüdische Weltpolitik" (1923) de Alfred Rosenberg pudo ser aceptado. El anti-judaísmo del planificador maestro y teórico comunista —y judío— Karl Marx ayudó a crear las condiciones previas para la posterior aceptación de muchas conclusiones de Alfred Rosenberg sobre los judíos en "Der Mythus des 20. Jahrhunderts".

     No hay ninguna acusación clara y directa en "Un Mundo Sin Judíos" de una conspiración judía universal. La obra de Marx carece de la acusación de una dirección claramente definida y de un control central sobre la comunidad judía, contenida en los "Protocolos de los Sabios de Sión". Pero sólo eso separa a las dos obras. Ambas están de acuerdo en los principios fundamentales de un enfoque mammonístico judío con respecto al mundo y a sus habitantes. Ambas están de acuerdo en que el judaísmo no es nada más, ni menos, que una forma de secularismo capturador y adorador del dinero. La cultura del judaísmo, concuerdan los dos trabajos, es una pseudo-cultura que sólo busca la ganancia material para sus adherentes.

     Marx creía que el hombre originalmente era bueno y que aquél naturalmente consideró a todos los objetos como una extensión de su Yo. Los objetos fueron evaluados según el bien que podría acumularse en el sentido de la auto-realización y en términos de dar origen a un hombre unificado e integrado, o, como Marx podría preferir decirlo, en términos de garantizar que el hombre no se enajenaría de sí mismo.

     En el paradigma marxista la alienación es la base de la enfermedad del hombre. La "mentalidad judía" que busca sólo la ganancia material de los objetos es necesariamente productora de alienación. El hombre reduce los objetos a su valor monetario. Uno no conserva lo que no tiene ningún valor, a menos que no pueda venderlo; uno vende por dinero y por riqueza algo que se tiene, y en la pérdida del Yo (auto-alienación) deja de considerar el costo. Marx acusó que incluso la madre o la esposa son así reducidas a una transacción monetaria, pensadas en términos de ganancias y pérdidas. "Incluso las relaciones entre los sexos, entre el hombre y la mujer, se convierten en objeto de comercio. La mujer es subastada".

     El mundo de la estética es reducido a un mundo de ganancia monetaria. Una pintura es grande porque puede demandar un alto precio. Una ópera u otra composición musical son juzgadas según su capacidad de ser comercializadas. La poesía y la prosa deben ser valoradas por su potencial de mercado, no por sus pensamientos, expresiones o belleza. Así, una obra pornográfica puede ser más grande que una verdadera creación del genio inspirado porque su potencial de mercado es mayor. Más allá de las consideraciones de mercado, el arte no tiene ningún valor. Marx acusa a la religión judía de tener solamente "desprecio por... el arte, la Historia y el hombre". El judío "no puede crear un nuevo mundo", ya sea uno histórico o uno de escapismo estético; él puede simplemente calcular cómo el mundo podría ser convertido en una ganancia. Otros hombres crean, mientras que el judío, nos asegura Marx, sólo puede crear el mercado en el cual los productos creativos deben ser vendidos; él crea una escala de valores por medio de la cual medir en términos de dinero el valor de una creación.

     El materialismo desenfrenado que Marx detestaba —a pesar de su propio materialismo y determinismo económico— era obra del judío centrado en la Tierra. Marx concluyó que los Gentiles habían creado el capitalismo, pero el judío había perfeccionado sus potenciales de mercadeo. En resumen: sin el judío, el capitalismo habría sido un fenómeno completamente diferente. Los Gentiles tuvieron que crearlo porque el judío no podía concebir ningún nuevo mundo por sí mismo, pero el judío pudo convertir al capitalismo en un sistema totalmente materialista y orientado hacia el dinero basado en la ganancia a cualquier costo.

     Un poco conocido ensayo de Alfred Rosenberg, "El Judío Centrado en la Tierra Carece de un Alma" (The Earth-Centered Jew Lacks a Soul), tiene más o menos el mismo tema: el judío convirtió al capitalismo en un sistema centrado en la Tierra que es completamente deshumanizador. Él había creado una atmósfera en la cual él y muchos Gentiles funcionaban. La competencia obligó a los no-judíos a realizar sus funciones comerciales como el judío, o a fracasar.

     Si el moderno Estado capitalista siguiera incluso sin judíos, concluía Rosenberg, seguiría como es ahora porque el judío había quitado el alma del sistema. La economía ya no era moral; era un sistema sin alma. Se había divorciado exitosamente de la filosofía moral. Uno conocía "La Riqueza de las Naciones" de Adam Smith, pero no su escrito "La Teoría de los Sentimientos Morales". Si el sistema capitalista debiera sobrevivir intacto, en la forma en que a los hombres le era familiar, el judío sobreviviría como el arquetipo del hombre capitalista.

     Ni Rosenberg ni Marx intentaron una apología del status del "judío centrado en la Tierra". No había ningún trazado histórico del por qué de todo ello, de los prejuicios y restricciones que pueden haber forzado al judío al préstamo de dinero o al comercio. El judío no era como fue descrito por esos críticos debido a condiciones que estuvieran deshumanizándolo y más allá de su control. El judío era como era, concordaban ellos, porque ésa es la forma de todos los judíos: se trata de una característica racial y cultural que no puede de ningún modo ser cambiada o mejorada.

     "Un Mundo Sin Judíos" no era un trabajo aislado en el sentido de que él en exclusiva contuviera pensamientos y posiciones anti-judíos de Marx. Otros ensayos como "La Lucha de Clases en Francia" y "El Dieciocho Brumario de Luis Napoleón" contenían fuertes declaraciones que acusaban a los judíos por diversos crímenes contra la Humanidad. Incluso en "La Ideología Alemana" uno encuentra declaraciones ocasionales como "Es la evasión de la ley lo que hace religioso al judío religioso". Su aversión por el líder socialista rival Ferdinand Lassalle es lo que incitó a Marx a referirse a aquel escritor como "Juden Itzig" [judío-negro].

     Lo que surgió de Marx fue una condena clara tanto de los judíos como del judaísmo. Ellos habían sido totalmente identificados con todos los peores elementos del capitalismo, muy principalmente la explotación de los trabajadores y la manipulación del dinero en la práctica de la usura. Marx no declaró exactamente si él hubiera preferido una nueva fabricación de la sociedad, ya sea sin los judíos, o si hubiera sido suficiente simplemente remover la "mentalidad judía".

     La parte del programa comunista acerca de la confiscación de la propiedad extranjera, como se plantea en el "Manifiesto Comunista" de Marx y Engels, ha sido pensada por algunos como relacionada con la expropiación de la propiedad judía. Eso es discutible, pero se trata de una curiosa adición a aquel documento, cualquiera hubiese sido la razón para su inclusión. El peso total de la evidencia sugiere que la "liberación del judaísmo" de la cual escribió Marx tan a menudo es generalmente la liberación de la sociedad del control de los judíos, más bien que la liberación de los judíos de un clima de opinión centrado en la Tierra. "La emancipación de nuestro tiempo", escribió Marx, "significa la emancipación de la judería práctica".

     No debemos pensar en el racismo de Marx como confinado simplemente a su crítica contra los judíos. Marx era un verdadero europeo de su tiempo, y para él ninguna raza, salvo la caucásica, se había establecido ni había llevado a cabo hechos que pudieran ser registrados en la Historia. Las razas amarilla y negra fueron definitivamente excluidas de la Historia, no habiendo tenido ningún papel en el desarrollo del mundo o en la idea de Historia.

     Sin embargo, Marx nunca escribió nada que atacara a otras razas o pueblos comparable a sus ataques contra los judíos. Existen trozos y piezas de retórica racista, como su uso del término Itzig, que puede ser traducido mejor como "nigger". Incluso si Marx hubiera sido un escritor más productivo y de mayor alcance, y su atención hubiera sido atraída más hacia otras naciones y otros pueblos, parece haber poca duda de que él en efecto hubiera evitado escribir algo como la "Disquisición sobre la Cuestión de los Negros" (Disquisition on the Nigger Question) de Carlyle.

     Una cuidadosa lectura del marxismo revela que, aunque no explícitamente declarada, la "línea" de Marx se enfocaba en esas materias. La Revolución Proletaria no ocurrirá en naciones subdesarrolladas, ni en el mundo no-caucásico (como lo llamamos ahora, el Tercer Mundo). Marx a menudo nombró a las naciones en las cuales su pensamiento y pronóstico eran aplicables: Alemania, Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos, Bélgica, los Países Bajos, Holanda y otras naciones europeas o caucásicas. Marx nunca incluyó en su gran esquema a las naciones del Lejano Oriente, Iberoamérica o el África sub-sahariana.

     La exclusión de Rusia de su sistema proporciona una buena comprensión de su pensamiento. Si Rusia debiera ser considerada una nación europea entonces ella podría, al menos un día en el futuro, ser sometida a las etapas dialécticas e históricas de progreso y desarrollo a través de las cuales el resto de las naciones europeas había pasado o estaba pasando. Si Rusia fuera, sin embargo, asiática, al menos en lo general, no pasaría por las etapas y las progresiones de las otras naciones construídas y habitadas por caucásicos.

     El hombre que inventó la Dialéctica, Georg W. F. Hegel, no había estipulado ninguna condición para aplicar las operaciones dialécticas de su Weltgeist (Espíritu del Mundo) a naciones aparte de aquellas tradicionalmente agrupadas como "Civilización Occidental". Marx decidió no cambiar eso en su propia construcción. Si la Dialéctica no funciona en una nación, aquella nación está esencialmente fuera de la Historia. Los acontecimientos allí todavía ocurren y el tiempo pasa, pero no puede pasar nada de significado o valor histórico verdadero.

     Quedó para otros teóricos marxistas y socialistas eliminar o encubrir los comentarios racistas que hay en las escritos de Karl Marx, para establecer un atractivo a nivel mundial del marxismo. Friedrich Engels fue capaz de establecer algo parecido a un papel histórico y revolucionario para las naciones del Tercer Mundo, y Lenin las incluyó en su escrito "Imperialismo, la Etapa Superior del Capitalismo". El socialista alemán Eduard Bernstein removió los comentarios anti-judíos de las cartas de Marx a Engels.

     Pero persiste el hecho de que "Un Mundo Sin Judíos" es desconocido para todos excepto para un puñado en Occidente. Los comentarios racistas en otras de las obras de Marx han sido expurgados por editores con simpatías por su pensamiento o pasados por alto de manera disculpativa con la liviana explicación de que Marx no estaba haciendo nada más que reflejar los prejuicios de su época y lugar.

     Pero el comunismo soviético de hecho ha vuelto a sus raíces anti-judías. Teóricamente el Estado comunista soviético permite la práctica del judaísmo, a la vez que se opone al sionismo político. Y es muy interesante que la distinción hecha en la Rusia soviética y en otras naciones satélites comunistas entre el "judío de sábado" y el "judío sionista" sea notablemente similar a la diferencia hecha en la Alemania Nacionalsocialista entre el judío practicante y el judío centrado en la Tierra e irreligioso.



Nota Bibliográfica

     La fuente primaria para las teorías racistas de Karl Marx es su escrito "Un Mundo Sin Judíos" (Nueva York, 1959), que fue editado y traducido por Dagobert D. Runes. Puesto que Runes hizo referencia a la edición soviética oficial de la misma obra, podemos suponer sin peligro que esa edición sin fecha publicada en Moscú fue hecha antes de 1959.

     De las otras obras en las cuales Marx hizo al pasar referencias a los judíos, las ediciones abundan. Entre esas obras se incluyen: "La Ideología Alemana", "La Lucha de Clases en Francia", "El Dieciocho Brumario de Luis Napoleón" y "Cartas a Engels". Muchas de las cartas fueron publicadas en L. Feuer (editor), "Marx y Engels: Escritos sobre Política y Filosofía".

     Una de las primeras discusiones en inglés del anti-judaísmo de Marx fue "Karl Marx: Padre del Anti-Judaísmo Moderno" de Zygmund Dobbs, 1949. La fuente secundaria fundamental para el racismo y el anti-judaismo de Marx es "Karl Marx: Racista" de Nathaniel Weyl, Nueva York, 1979.

     Acerca de los paralelos con Alfred Rosenberg en la Alemania Nacionalsocialista, consulte de Rosenberg "El Mito del Siglo Veinte". El ensayo de Rosenberg "El Judío Centrado en la Tierra Carece de un Alma" se encuentra en George L. Mosse, "Nazi Culture" (Nueva York, 1966) y en J. B. Whisker (editor y traductor), "Ideología Nacionalsocialista: Conceptos e Ideas" (Carolina del Norte, 1979).–





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